Las criticas de “Star Trek: En la Oscuridad”

Hemos echado un vistazo a las críticas cosechadas por Star Trek: En la Oscuridad y parece haber una idea común en los críticos. En general la valoran positivamente, critican a J.J. Abrams la realización de un filme destinado a reventar las taquillas veraniegas, al mismo tiempo que lo alaban por hacer eso mismo y hacerlo bien.

Elisenda Frisach de Cinemaseries.com es un paradigma de lo dicho anteriormente:
“Como cinéfilo, uno no puede dejar de reflexionar, con cierta inquietud, sobre lo que de indicativo de nuestra sociedad actual tiene el hecho de que quede en manos de J. J. Abrams, y de su estilo hiperbólico y acelerado, gran parte del imaginario popular de las últimas décadas, sobre todo teniendo en cuenta que, en honor a la verdad, dirige mucho mejor que la mayoría.”

Toni Gracia, para El País lo tiene claro:
“Esa es la gran virtud de la saga y -ya puestos- del cine de J.J. Abrams: un respeto, casi reverencial, por aquellos que pagan la entrada, invitándoles a divertirse sin exigirles dejar el cerebro en una urna antes de entrar a la sala. Por eso su Star Trek es un maravilloso ejemplo de cine comercial estadounidense: digno, cachondo y visualmente brillante. ¿A quién no va a gustarle esa receta?”

Por contra, Javier Ocaña, también para El País, piensa que:
“La película es un más de lo mismo: demasiado metraje, irreprochable técnica, mediano entretenimiento, nula capacidad de transgresión y hasta el ya obvio efecto post 11-S. Es decir, lista para el olvido del ateo y empaquetada como regalo para el creyente.”

Uroloki insiste en la idea de un producto para grandes audiencias bien hecho:
“Y a sabiendas de lo que uno debe hacer en cines cuando lo que busca es entretener a la masa, Star Trek: En la oscuridad cumple con el manual del producto mainstream. La gran ventaja de esta segunda visita a la galaxia sin fronteras es ese dinámico y divertido guión que se han trabajado Orci, Kurtzman y Lindelof, ideal para echarse muchísimas risas, vibrar durante las más de dos horas de metraje, no hay ni un minuto de descanso, al tiempo que trata de profundizar en temas más personales.”

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Casi todos los críticos alaban el apabullante prólogo, marca de la casa.

Jordi Costa de Fotogramas alude a reminiscencias cinematográficas y escribe lo siguiente:
“J.J. Abrams ha diseñado la secuencia precréditos de “Star Trek: En la oscuridad” como una abrumadora cámara de ecos: confluyen un buen número de tronados lugares comunes de los primigenios seriales cinematográficos (tribus soliviantadas, volcanes, monstruos, héroes en el umbral de una muerte segura). Establece una línea de continuidad entre ese cine pulp y las nuevas formas de serialidad de una saga como la presente, pasando por la memoria del Star Trek televisivo y por las hipérboles espectaculares de Indiana Jones.”

Pablo Muñoz en Blog de Cine:
“… el prólogo demuestra con brillantez como consiguen implicar al espectador emocionalmente sin que pierda su capacidad (que uno diría recién descubierta) para el asombro con sus imágenes y sin que pierda de vista a los personajes.”

En lo que sí coinciden todos es en el acierto de elegir a Cumberbacht como el villano más villano.

Para José Manuel Cuéllar, de ABC, “El malo es el bueno”:
“Una elección sorprendente. Benedict Cumberbatch, el Sherlock Holmes de la televisión, no parecía el más indicado para este villano multiusos. Tan elegante, alto, tildado, esmerado, tan inglés y, de pronto, da un recital de compleja maldad que eleva el Enterprise a cotas desmesuradas.”

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Toni García piensa que con:
“La elección de Cumberbatch, actor shakesperiano, descomunal revelación del último lustro cultural, se intuye la voluntad de Abrams de dejar que el equilibrio filosófico de la película (por llamarlo de un modo entendedor) descanse en las espaldas del reparto, más que dos apuntes en un guion volcado en aquella máxima de ‘no hay negocio como el negocio del espectáculo’.”

Manuel Piñón de Cinemania se fija en el tour de force entre Pine y Cumberbacht, para quién el inglés sale perdedor, al menos en minutos contantes y sonantes, y afirma:
“En la Enterprise las cosas nunca pasan al mismo tiempo, sino una detrás de otra. Y si Kirk está presente para levantar acta, mejor que mejor. Cuestión de orden, cronológico y jerárquico. Ni siquiera la irrupción de un imperial Benedict Cumberbatch (Sherlock), que hace una versión mejorada del Loki de Los Vengadores, tiene permiso para robar plano a Chris Pine, muy cómodo saltando al abismo escena tras escena.”

Hay también un leit motiv que aparece en las críticas; el abandono por el director y guionistas de las supuestas señas de identidad de Star Trek; su filosofía, las estrechas relaciones entre los personajes principales y la idea que Star Trek debe ir más allá del puro entretenimiento.

Para Elisenda Frisach de Cinemaseries.com la esencia de Star Trek está más que presente:
“En esta línea, se recupera el discurso humanista, ético y hasta existencial que subyacía en los cimientos de la saga; un motivo sin duda para regocijarse, pues no solo le da al filme una solidez temática de la que carecía el anterior, sino que, en realidad, dicho entramado ideológico es lo que hace vigente y excepcional al conjunto de esta epopeya espacial.”

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Toni García de El País se muestra menos benévolo:
“Tampoco es menos cierto que cualquier rastro de la criatura de Gene Roddenberry ha quedado enterrada tras una especie de pseudo-gigantismo hollywoodiense (problemas de ganar cinco tallas) pero el sentido del humor y el respeto de Abrams por el respetable sustituyen ese factor con notable elegancia.”

José Manuel Cuéllar de ABC es inmisericorde y cataloga claramente la categoría de las relaciones entre los personajes principales y su desequilibrio con la personalidad del villano:
“A su lado, la ñoñería de amistad de la pareja eterna, el humano y el orejas vulcaniano, las relaciones paterno filiales, la acción desmesurada… quedan hechas añicos ante la furia volcánica del malvado, que da alas a todo el entorno.”

Victor Esquirol de El Séptimo Arte, quien hace una verdadera oda a la película (no dejar de leer la crítica) también alude a los caídos en la batalla:
“Se perdió por el camino parte del espíritu Roddenberry, cierto, pero no las formas. El árbol genealógico no se había quebrado. Seguía pudiéndose apreciar el reflejo de lo que en su día significaron los Shatner, Nimoy, Stewart, Spiner y demases. Se materializó este efecto gracias a la elevación, a la enésima potencia, del espíritu aventurero que había caracterizado a todo humano, vulcano, romulano o klingon que alguna vez hubiera llegado a constar en el manifiesto de a bordo de la Enterprise.”

Parece como si a Abrams se le exigiera la perfección absoluta, como supongo que a todos los directores. Echando la vista atrás a las anteriores películas de Star Trek con el reparto original y con el de la Nueva Generación entiendo que esta Star Trek de Abrams no sale mal parada. Desde luego que el artificio de la nueva realidad temporal permite a los guionistas hacer lo que les dé la gana. Desde hablar Spock consigo mismo hasta una suerte de Espejo Espejito recauchutado.

Uroloki critica el artificio:
“Da la sensación de que al tratarse de un universo alternativo, del que ya disfrutamos con William Shatner y Leonard Nimoy, aquí debemos revivir aquellos mismos instantes como si fueran vistos en el reflejo de un espejo. ¿No hay nada más allá para elegir que estas repeticiones?”

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Pero Jordi Costa lo borda, aunque disienta en lo de la perdurabilidad de la película, en el párrafo final de su crítica para Fotogramas:
“Con semejante terremoto de entrada, la película lo tenía difícil para ir hacia arriba, según la máxima hitchcockiana, pero Abrams solventa el problema a través de una maniobra de distracción (el movimiento perpetuo) y de un juego de espejos (la película es la ingeniosa redundancia postmoderna de un capítulo de la serie original y de una entrega de la saga cinematográfica). Poco que objetar, salvo que el resultado está más cerca del super episodio imposible que de film perdurable, aunque se agradecen salidas de tono como los toques screwball en la relación Uhura-Spock o esos lagrimones estratégicos que Abrams convierte en sello personal.”

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Acerca de Denorio

Soy de Sevilla. Me gusta mucho Star Trek en todas sus versiones. Además de ir de cervezas y tapas, en mi tiempo libre disfruto mucho de la literatura universal, el cine y la música clásica, también me gustan mucho la música electrónica y la disco. Me encanta el cine de superhéroes; mi preferido es Superman, aunque John Carter ocupa un sitio especial en mi corazón.

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